domingo, 25 de octubre de 2009

PROPAGANDA RELIGIOSA EN EL IMPERIO ROMANO

El Imperio romano fue una etapa de la civilización romana en la Antigüedad clásica caracterizada por una forma de gobierno autocrática. El nacimiento del imperio viene precedido por la expansión de su capital, Roma, que extendió su control en torno al Mar Mediterráneo. Bajo la etapa imperial los dominios de Roma siguieron aumentando, llegando a su máxima extensión durante el reinado de Trajano, abarcando desde el Océano Atlántico al oeste hasta las orillas del Mar Negro, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Su superficie máxima estimada sería de unos 6,14 millones de km²
 
En el Imperio Romano convivían principalmente dos religiones: el cristianismo y el paganismo.

La religión de los romanos era politeísta (adoraban un gran número de dioses). En honor a ellos se construyeron templos y se ofrecieron sacrificios de animales. El emperador era adorado como un dios y en todo el Imperio se practicaba el culto imperial. El emperador era la principal fuente de propaganda, trasmitiendo su ideología a la población. La influencia era tal que se creían seguros en el Imperio, creyendo que si permanecía fieles a su religión y a su soberano los dioses les protegerían de todo mal. La propia naturaleza se politiza, se convierte por tanto en medio de propaganda: el sol que se levanta cada mañana, la lluvia que cae, el rio que riega y fertiliza los campos, son manifestaciones de la bondadosa mediación del soberano.
 
Los principales métodos y medios de propaganda seguidos por el Imperio fueron:


La orquestación, ya que todo el Imperio estaba repleto de símbolos de esta religión: esculturas de los dioses, pinturas de artistas destacados, inscripciones y textos e incluso las propias monedas. Además, la manipulación que llevaba a cabo el emperador influía de gran manera en la población, el principal medio oral de propaganda. Los escritos realizados por este y por la gente de culto de esa época se mostraron como un excelente medio de propaganda política y religiosa.

El contagio, porque las creencias y opiniones de la población pasaban de unos a otros, aumentando así el número de adeptos.

Y por último la contrapropaganda y la desfiguración, desprestigiando de todos los modos posibles a la religión cristiano, al igual que a sus adeptos.

La inestabilidad, desorden civil y el colapso de la economia en el Imperio Romano necesitaba una cabeza de turco: los cristianos. Fueron altamente perseguidos por Decio (restaurador de las costumbres romanas) y aún más por Valeriano (235-260 d.c.). Lo más alto de la persecución a los cristianos vino después del Gran Incendio de Roma. Nerón le echó la culpa a los cristianos y realizó miles de ejecuciones públicas crueles, utilizando a muchos como antorchas humanas en los jardines de su palacio.
 
La persecución sufrida por los cristianos contribuyó a la contrapropaganda romana, ya que estos pasaron a ser vistos como mártires y sufridores por un odio injusto. De esta manera el cristianismo ganó multitud de adeptos dispuestos a luchar contra esta situación. Estos criticaban la religión pagana del Imperio debido a la vida pecaminosa que llevaban, a la multitud de dioses que adoraban y a la persecución que llevaban a cabo.
 
Constantino hizo del Cristianismo la religión oficial. Desde que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV, ha influido de manera significativa en la cultura occidental y en muchas otras culturas a través del mundo.

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